Dámaso tiene frente a él a la pureza del aire hecha dama. Luz de sienta a su lado en la terraza de un café del centro de la ciudad y no pronuncia palabra. Alarga su mano para tocarla pero ella se retira, rebusca en su bolso hasta encontrar un pequeño libro, lo abre, lo examina y lo cierra, seguidamente lo deja frente a Dámaso. Él lo revisa, tapas de cartón forrado en terciopelo negro y en su interior varios cientos de páginas en blanco exceptuando un par del principio. En la mitad del libro encuentra una nota manuscrita en la que dice: "Ayúdame a escribir esta historia. Luz."
Sorprendido,
no sabe que hacer.
-
¿Qué significa esto?
Con la
serenidad en la voz de quien no duda, Luz contesta:
-
Ayúdame a escribir nuestra historia, realicemos el proyecto ideado desde la dificultad, plasmemos tu infierno con mi luz, fusionemos tu muerte con mi vida.
-
No puedo ayudarte.
-
Sí puedes, me lo debes, eres parte de mí como yo lo soy de tí.
-
Déjame en mi infierno.
-
Dame tu mano y yo te sacaré de él.
Inmóvil, la observe desde el otro lado de la mesa, le inquieta esa mirada dulce llena de una inteligencia que le aguijonea.
-
No entiendo el porque de tu empeño, nadie te pide ayuda para salir de mi estigia existencia.- le contesta Dámaso con desdén.
-
Obviamente todavía no te has dado cuenta de que me necesitas.
-
¡Ja! Nunca he necesitado a nadie.
-
Es posible, pero sí lo has necesitado Todo, y tu obtusa mirada no te deja ver más allá. Yo tengo los caminos, y están ahí en esas hojas en blanco. Senderos vírgenes en los que pasear tu vanidad.
Dámaso está molesto con tanto misterio, esos jueguecitos nunca han sido de su agrado.
Avanzándose a cualquier improperio que él pudiese lanzar, Luz continúa:
-
Inténtalo, escribe unas páginas con tu vida, tus reflexiones, tus rabias, tus sorpresas o sencillamente escribe sobre mí. Cuando estés saciado de hacerlo yo escribiré el siguiente capítulo, intentaré seguir tu historia pero con mis palabras, con mis verdades y acatando las tuyas.
-
Es una pérdida de tiempo, ¿qué pretendes sacar con ello?
-
Entender y regalarnos un lugar, dar sentido a lo que no lo tiene y quitárselo a lo que está preestablecido.
Luz se levanta de la mesa con la misma naturalidad en la que lo haría en el salón de su casa, no intenta lucirse para los transeúntes. Le tiende la mano y le sonríe con cariño:
-
Inténtalo.
-
No lo haré.- responde él sin ni siquiera levantar la vista.
-
Sí lo harás, no te resistes a los retos y éste es posible que sea el mejor que te han lanzado. Apostarás para ganar y escribirás.
Dámaso le coge de la mano y la besa.
-
Nos veremos aquí cuando realices tu capítulo. Todos los días paso frente a este café y miro en su tablón de anuncios, cuando quieras verme sólo tienes que colgar ahí un anuncio que ponga "Escritor en venta" y ese mismo día vendré a las seis de la tarde a esperarte.
-
Darás muchos paseos en vano, no obstante, si necesito localizarte lo haré. Asintiendo pero escéptico, se alza de la silla, deja unas monedas sobre la mesa y se aleja de la cafetería.
Es tarde y está solo, revisa con su mirada su ruinosa habitación de la pensión, oye de fondo los gemidos de la prostituta de la habitación de al lado. Debe de tener un buen día hoy, piensa en su interior. Sobre el escritorio permanece el oscuro libro, cogiéndolo lo abre por las páginas que ya están escritas y empieza a leer.
Parte I -
Caída libre.
Por Luz
Molina.
En mitad de la noche apuñalaba al tiempo para desangrarlo, así gota a gota, la agonía del insomnio sería más larga. Era el castigo impuesto por su conciencia que putrefacta de culpabilidad le arrebataba el tan preciado descanso.
Paseaba en círculos por la estancia, como si estuviese perdido en el infierno, desorientado y sudoroso por sus delirios. En su tormento, examinaba cada recoveco de su mísero interior esperando encontrarse a sí mismo en un careo interminable. Deseaba escupirse a la cara, odiarse en su introspectiva mirada, no perdonarse jamás no aprender a perdonar.
Necesitaba romper la finitud de la noche y lo lograría sumiéndose en la eternidad de la muerte, la muerte en vida que le llevaría a la más tremenda soledad. Escogió Dámaso como nombre e inmortalizó su alma acorazándola del odio a sí mismo y de la indiferencia al resto.
En la oscuridad sonó su voz confeccionada con cuerdas de violonchelo, y desgarró la noche en un grito de rabia mientras el tiempo sangraba para él.
Intensamente, Dámaso empezó a vivir su muerte...
Acabó de leer y dejó el libro sobre la cama, se dirigió hacia el espejo y miró el reflejo que proyectaba de sí mismo, recordaba esa noche pero no podía sospechar cómo la revivió ella, ni siquiera la conocía en ese tiempo. Luz era una niña cuando en un lugar que ahora le parecía lejano, él tomó la decisión que ahora le había configurado.
Recogió de la cama el libro y volvió a abrirlo
casi podía sentir el olor de aquélla habitación, de la humedad de aquel paraje. Continuó leyendo:
Ahora, libre de ataduras camina por el mundo pensando que nunca será víctima del egoísmo de sus congéneres. Confiado, pretencioso, orgulloso y gastado de tanto beberse la vida de un sólo trago, va exhibiendo su talento de frío acero allí por donde pasa. Se cree culto e inteligente, pero únicamente conserva datos mal ordenados en su cabeza, los funde con la realidad de manera aleatoria pero no sabe aplicar sus conocimientos. Convierte en romántico lo inexistente para poder sobrevivir en una sociedad a la que maltrata con su falta de empatía. No comprende, no escucha, no respeta porque su vasta naturaleza le susurra al oído que es mejor patearlo todo. Y así lo hace, patea hasta su propio corazón para enseñarse a sí mismo que el orgullo es el resultado de un trabajo bien hecho. Sin embargo vuelve a empezar, vuelve a sentir y se cree rendido ante todo lo que creía dominar.
Pobre bastardo del océano que siempre camina al borde del acantilado, que sigue confiado en que nada le hará caer, cuando un sólo golpe de viento puede arrojarle al abismo del que le sacará su furioso ego.
Estúpido creador de fantasías que camina con la cabeza alta, erguido sobre su trono confeccionado de serpientes y hienas, tan alto mira que no sabe qué ocurre por debajo de ese límite horizontal que se ha marcado para no ver que es como sus pares, para no ver que lleva los pies tan manchados de lodo como los que viven en la ciénaga. Engreído, ignorante que intenta romper verticales que sólo ve él, porque afloran de su autodestructiva mente.
Sólo tiene una insultante virtud, es sincero hasta más allá de lo soportable, por lo que su virtuosidad puede ser un gran defecto.
Cuidado, que no os engañe su suave piel ya que bajo ella hay un esqueleto cubierto de alambre espinoso.
Así es Dámaso Valparaíso, personaje real de su realidad impura...personaje impuro de tanto beber su propio veneno..
Ya era suficiente, si quería una demostración de sutil desprecio, la tendría, había sobrepasado el límite con esas palabras, cogió su pluma y empezó a escribir.